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10 agosto, 2021

Conversaciones Terapéuticas

Las conversaciones terapéuticas, es una idea que nació de la impotencia, sí, de las cosas negativas también surgen cosas maravillosas. Desde que comencé Siempre Ambivalencia, muchas personas se han atrevido a contarme historias, dolores, miedos… por mensajes privados, y siempre, siempre he dado lo mejor de mí en cada respuesta, pero esas conversaciones han sido limitadas, cortas y me han hecho sentir impotencia por no poder hablar más, acompañar más, ayudar más.

Hace años que quiero crear este espacio, pero el miedo me tuvo paralizada. Fui dando pasos, preparándome, ensayando con la intención de sentirme lista y adivinen: NO me sentí lista, pero sí DECIDIDA porque creo en mí, creo que las personas que quieren sanar sus heridas y aquí sé que puedo entregarme más y mejor.

Comunicar, es inevitable, tenemos ese poder innato, ¿y si empezamos a usarlo de forma consciente? ¿Y si hablando de nuestro dolor empezamos a sanarlo?

En las conversaciones terapéuticas vamos a hacer un trabajo activo, no se sana solo hablando, hace falta hacer. Y creo que ese es el elemento diferenciador de este espacio, que vamos a pasar del dolor, el miedo, etc, a la acción. Evidentemente, todo dependerá del caso, de los ritmos de cada persona, y tampoco será un trabajo abrumador. Serán pequeños pasos o modificaciones que nos acerquen a ese estado de bienestar tan anhelado.
Las conversaciones terapéuticas, es una forma de agradecerles la confianza y al mismo tiempo, la forma que encontré para escucharlos y entregarles todo lo que sé.

Para reserva una sesión (la primera es 1hy30min de duración), haz click aquí

9 diciembre, 2019

Noches oscuras

Noches oscuras y una cuerda por donde camino sin saber a dónde va, avanzo sin mucho equilibrio ni seguridad. Intento no caer pero resbalo, me paralizo, en esta parte del camino no sé si rendirme o continuar.

El miedo se apodera de todo el escenario, no sé cuánto falta para llegar y mis pies están cansados de andar, ¿vas a estar tú al final?
Ahora resulta que me vendan los ojos, más oscuridad. He hecho tantas cosas mal que no puedo mirar atrás, pague las facturas y comprendí que nada pasa porque sí. Contigo entendí que lo planeado nunca sale igual, que besos en el baño pueden ser tanto pesadilla como realidad, solo quiero encontrarte ahí, en el sueño de siempre, del que no quiero salir.

Una voz que no escucho me calma, me dice que camine y no trate de adivinar, pero ¿confiar en quién? Sé que saldría adelante sin ti. Pero no quiero.

Días interminables mientras me muerdo la lengua para no dañar lo poco (que es mucho) que conseguimos lograr. Quiero escuchar una conclusión trascendental, el problema es no saber esperar.
Noches oscuras y una cuerda por donde camino sin saber a dónde va, avanzo sin mucho equilibrio ni seguridad. Intento no caer pero resbalo, me paralizo, en esta parte del camino no sé si rendirme o continuar.
El miedo se apodera de todo el escenario, no sé cuánto falta para llegar y mis pies están cansados de andar, ¿vas a estar tú al final?
Ahora resulta que me vendan los ojos, más oscuridad. He hecho tantas cosas mal que no puedo mirar atrás, pague las facturas y comprendí que nada pasa porque sí. Contigo entendí que lo planeado nunca sale igual, que besos en el baño pueden ser tanto pesadilla como realidad, solo quiero encontrarte ahí, en el sueño de siempre, del que no quiero salir.
Una voz que no escucho me calma, me dice que camine y no trate de adivinar, pero ¿confiar en quién? Sé que saldría adelante sin ti. Pero no quiero.
Días interminables mientras me muerdo la lengua para no dañar lo poco (que es mucho) que conseguimos lograr. Quiero escuchar una conclusión trascendental, el problema es no saber esperar.
Esta vez no sé cómo actuar, supongo que seguir caminando hasta salir de la oscuridad.

Laura Barrera Iglio

4 diciembre, 2019

El primer día de mi vida sin ti

El primer día de mi vida sin ti, no sabía cómo sentirme, qué pensar o cuándo iba dejar de caminar de un lado a otro. Todo era incertidumbre.

Bastó con que te fueras, para darme cuenta de que me había acostumbrado a ti y a tu nube negra, me había acurrucado con el malestar… y lo estaba disfrutando. Apenas te fuiste, te extrañé porque el amor propio es un ingrato, que se acostumbra a lo que sea, sin importar el daño que nos pueda hacer.
Tengo que reconocer, que aunque yo fui quien decidió echarte de mi vida, muchas veces he querido ir a buscarte porque eras el único lugar donde me sentía comprendida. El entendimiento era lo único que me llenaba. Todo lo demás fallaba.

Ha pasado tiempo, y todavía tengo momentos de crisis en lo que quiero volver a ti, querida frustración. Porque todo era más fácil cuando nos quejábamos juntas y pataleábamos las injusticias. Pero, ha sido una relación agotadora por eso no vuelvo.
Me refugié en una amiga, cuando no podía más, porque sí, pasa que se nos acaban las fuerzas y las ganas de seguir luchando. Es allí, donde las verdaderas amistades, pelean por nosotras.

«Vuelve a ser tú», me dijo el espejo. Y mi cuerpo se estremeció.

Volver a ser yo, sonaba como un imposible, principalmente porque de tanto perderme, ya no sabía quién era. ¿Y si yo no lo sabía, quién más podía saberlo?

Así que decidí que iba a soltarte por completo para enfocarme en mí, allí me encontré. Pequeña, asustada y rota pero me encontré. O mejor dicho, me vi.

Y empezó, mi nueva vida sin ti.

Laura Barrera Iglio