Yo no quería reír mejor, quería reír contigo

Cuantas historias de amor que quedaron a medias desearías revivir o al menos saber “que hubiese pasado si”, cuantas cosas te quedaron en la mente y te encantaría decirlas así ya no sea el momento; toda esa molestia interna también es un alivio que quieras o no, te hace sentir segura, el momento exacto en el que decidiste alejarte realmente de esa persona tóxica, no haberle dicho todas las cosas en la cara e ignorar las llamadas fue lo que te llevó a otra dirección, saliste del circulo vicioso.

Se lee fácil: romper y comenzar de nuevo, estas palabras no explican todas las veces que volviste y prometiste que no lo harías, todos los mensajes que definitivamente estuvieron demás y las eternas noches sin poder dormir pensando que todo fue tu culpa, sientes tristeza, impotencia, miedo de ese “nunca más” que tanto le dijiste y luego llega nuestro mejor amigo: el tiempo, sana las heridas, te aconseja, te hace cometer más errores con nuevas personas hasta que nuevamente te siente fuerte, alegre y lista para seguir adelante.

Ahora que te sientes bien vuelves a cambiar la perspectiva, ya no te resulta tan malo y empiezas a reconocer tu errores, quizás le dices alguna de las cosas que le querías decir en el pasado pero ya el dolor pasó y aunque te debilitas un poco levantas la mirada porque dos personas que se hicieron tanto daño no pueden estar juntas, cuando llegas a esa conclusión vuelves a sonreír, en esta ambivalencia infinita un día de la nada llega una persona y terminas de cerrar ese libro para comenzar uno nuevo.

– Lo importante es reír contigo misma para luego compartir cada sonrisa-

Es una historia simple que todos vivimos, con diferentes matices, pero con los mismos sentimientos que van y viene, eso es ambivalencia pero cuando la conoces bien y la identificas en cada situación puedes flotar por encima de ella, convirtiéndola en una balanza. Si puedes analizar dejando a un lado al corazón seguro vas a ahorrarte muchos malos ratos.

Laura Barrera Iglio

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